Los cuadros impresionistas más famosos

Los cuadros impresionistas más famosos

Todos los movimientos artísticos han tenido su auge durante un período determinado en el tiempo, pero el impresionismo causó revuelo desde su nacimiento en el siglo XIX en Normandía. Entre los exponentes más destacados, y que resaltaron con sus cuadros impresionistas, se encuentran Miguel Ángel, Claude Monet, Alfred Sisley, entre otros.   

La principal característica que expresa cualquier objeto artístico (e incluso en la música) es la buena impresión visual que tiene el contenido. En la pintura es más valorado el movimiento, porque grandes artistas han representado dicha luz, sin hacer explícita la fuente que la produce.

El “momento de luz” es lo que importa, es la compuerta que abre al mundo del impresionismo. No es necesario identificar el objeto que subyace para este efecto, sino disfrutar cómo esa luz entra por los sentidos cuando una persona está frente a una pintura, escultura o experimentando la catarsis escuchando buena música. A continuación mencionaremos los cuadros impresionistas más famosos y sus autores.

FRÉDÉRIC BAZILLE: “El estudio del artista” – 1870

Este pintor fue amigo en vida de Sisley y Monet, hasta compartir ideas que plasmaron más adelante en sus cuadros. Bazille creció en una familia acaudalada, aunque su muerte es considerada como una de las más trágicas, gracias a un porvenir que le esperaba con este movimiento. Sólo tenía 28 años cuando pereció a raíz de la guerra Franco-Prusiana.

“El estudio del artista” es una especie de tertulia en que se encuentra Monet, Sisley, Renoir y Emil Zola. Cada uno de ellos formó parte de este movimiento que trascendía en los rayos de luz sin explicar su fuente de procedencia. En la actualidad es considerada como uno de sus cuadros más geniales.

Los cuadros impresionistas más famosos

EUGÈNE BOUDIN: “Muelle en Deauville” – 1869

Francia es la cobija de muchos autores que plasmaron los paisajes en sus cuadros y Eugéne Boudin no es la excepción. La historia ha tomado en cuenta que este artista es un claro referente para las nuevas generaciones de pintores, que mostraron fascinación al estar frente a este paisaje.

Llegó a habitar Saint-Simeón en 1862. Durante este período de tiempo conoció a muchas personas que se interesaron en su técnica paisajística. Este agrado auspició que Bodin edificara una fundación para albergar a  estos pupilos. La escuela de Saint-Simeón es considerada como uno de los primeros institutos que dio origen al impresionismo.

Como es habitual en este movimiento, la pintura de este autor sobresale por la utilización de colores azules y marrones, como cualquier otro paisaje visto en otros colegas de su época. Le da bastante realce al fondo que, por regla general, es un cielo con buena presencia de luz que hace un extraordinario juego con el tono azulado.

GUSTAVE CAILLEBOTTE: “Les raboteurs” – 1876

Un adjetivo para calificar este cuadro impresionista de Caillebotte: vertiginoso. Es una especie de fotografía con un aire un tanto peculiar, siendo propio de sus primeras producciones plásticas, que cabe a la perfección en este extraordinario juego del impresionismo.

Emile Zola describe este cuadro como una “representación anti-artística”, porque escapa de lo habitual en los pintores de ese tiempo. Caillebotte quiso algo diferente para causar una grata impresión en su público y aparentemente lo logró, surtiendo el mismo efecto en sus colegas. A fuerza de líneas simétricas y un toque de perfección, esta obra fuera de lo común ganó la simpatía de los críticos.

GUSTAVE CAILLEBOTTE: “Calle de París, día lluvioso (efecto de lluvia)” – 1877

Bajo la técnica de óleo sobre lienzo, es uno de los cuadros más interesantes de Caillebotte, con muchísimas críticas en la Tercera Exposición Impresionista Rue Le Peletier. En principio, los opositores sostienen que el dibujo es de buena calidad, pero su autor olvidó un elemento muy importante: la lluvia.

A pesar que no fue recibida con buen augurio, el efecto de lluvia con el paso del tiempo fue gustando en los críticos posteriores. Más adelante, el reconocimiento convirtió a este cuadro en una de las obras con mayor proyección al éxito en todo el siglo XIX.

MARY CASSATT: “Verano” – 1894

Mary nació en Pensilvania, pero vivió muchos años en Francia. Mantuvo una sólida amistad con Edgar Degas, un amante del impresionismo que la invitó a una exposición con los autores de este país con más renombre, o aquellos que presentaron sus obras para la contemplación popular.

Su obra estuvo marcada por la aparición de rostros femeninos, en la mayoría de los casos, prostitutas. En esta obra en especial dedicó el esfuerzo por representar a varias mujeres en un escenario cotidiano. Cabe mencionar que los espacios son exclusivos para el ambiente de las mujeres, por ende, aparecen dos o más dentro de la misma fotografía, como el caso de “Verano” en medio de un lago colmado de luz y naturaleza espacial.

PAUL CÉZANNE: “La casa del ahorcado en Auvers-sur-Oise” – 1873

El cuadro con técnica de óleo sobre lienzo relata un paisaje un tanto peculiar a la vista, pero que resulta agradable de contemplar por un buen rato. Es el preámbulo de una carrera prestigiosa para Cézanne, hasta el punto de pertenecer a una de tres pinturas expuestas en 1874, junto a más cuadros de rasgos similares. 

El Conde Armand Doria fue uno de los primeros personajes de gran abolengo en adquirir esta representación para su residencia. Desde luego, con el tiempo se hizo famoso para ornamentar todos los espacios públicos y privados. No está totalmente apegado al impresionismo, pero sí vale la pena su reseña en este texto por la peculiaridad del paisaje.

PAUL CÉZANNE: “Naturaleza muerta con cesta de frutas” – 1880-1890

Es una de las pinturas más conmemorativas de este autor. Con varias figuras tradicionales resumidas en un mismo espacio, Cézanne fue capaz de construir su propia naturaleza muerta, haciendo algo distinto a sus compañeros de época, que también rigieron a través del impresionismo. Por más increíble que parezca, el pintor ejecuta un extraordinario juego con una cesta de frutas para crear su mundo.

A simple vista llama la atención que la cesta está ubicada en una superficie que carece de estabilidad, o en una esquina de poco sostén que bien podría haberse caído, pero el juego de perspectiva que realizó Cézanne con este cuadro es lo que catapultó su fama hasta lo más alto gracias a esta majestuosa representación. Sin duda, es un cuadro abierto a muchos debates gracias a su variada visualización.

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